sábado, 12 de marzo de 2016

Un día importante

El 11 de octubre del 2012 no fue una fecha cualquiera para mí. Ese día empecé a recibir clases de bailes latinos. Bailo desde que tengo uso de razón. Era una asignatura que tenía pendiente desde hacía mucho tiempo, pero este año por fin decidí empezar a cursarla. Empecé a ir a Bora Bora todos los fines de semana de junio, julio y septiembre. A lo largo de esos meses, me encontré con muchos alumnos que se convirtieron para mí en profesores y que con su paciencia y buena voluntad lograron que al enseñarme más pasos quisiera aprenderlos recibiendo clases, pero sobre todo me dieron sin saberlo una ilusión. Nunca voy a olvidar a Pepe, ni a Vicente ni a Javi, por citar algunos de esos "profesores", ni cómo me enseñaron a dar vueltas, a hacer el básico de bachata para adelante y para atrás, a hacer el freno, el Titanic, el setenta, y muchos pasos más.

Y a partir de octubre, empecé a recibir clases con Irene. Clase tras clase nos explicó con una incombustible paciencia los básicos de salsa y bachata para adelante y para los costados, el giro hacia la derecha y hacia la izquierda, los medios giros, el corte de mangas, el setenta. Cómo y dónde se colocan las manos para que los chicos hagan bien las marcas y así sepamos nosotras qué paso quieren que hagamos. A acercarnos (porque estos bailes se bailan un poco juntos) y a vencer así nuestra vergüenza. A mirarnos a los ojos y no al suelo (aunque al principio es difícil) mientras bailamos. A bailar con suavidad y sin tirones. A hacer los pasos en solitario las veces que hiciera falta para luego ponernos en círculo y practicarlos en pareja. Y cada día aprendo más, sé bailar mejor y me gusta más.

Pero no sólo me genera una enorme felicidad bailar, sino también el buen ambiente que hay. En mi clase somos un grupo muy heterogéneo y todos hablamos con todos. Y siento que conecto con ellos enseguida. Aún recuerdo cuando el primer día de clase se acercó Juan a saludarme, y Alberto también. Más tarde se acercó Noelia. Y luego Juanjo, Pedro, José María, Laura, José, Miguel, Ángel, Fini, Roberta, Mari Carmen, Fina, Rai, José Ramón, Felipe y Rubén, entre otros. Enseguida empezamos a presentarnos, a contarnos qué hacemos, a compartir la felicidad por el baile. Al mes de estar yendo a clase, a Laura se le ocurrió hacer un grupo de clase en Facebook. Apuntó en dos hojas los nombres y números de teléfono, y el grupo no tardó en empezar a ir a los talleres que se hacen los fines de semana y a quedar los domingos por la tarde para ir a bailar un rato. Y este último sábado se hizo una cena para que todos los grupos que recibimos clases en Bora Bora nos conozcamos, y luego fuimos todos juntos a bailar. Pero eso ya lo contaré en otra entrada.

No hay un solo martes ni jueves que no me sienta absolutamente feliz, porque sé que iré a hacer lo que más me gusta en el mundo, que es bailar, y que no faltará una sonrisa de mis compañeros ni de Irene, una broma, que nos mande a callar porque no puede explicarnos el paso y nosotros no podemos dejar de charlar entre nosotros. Y espero que siga siendo así por mucho tiempo más.

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